“Ponyo es una niña pez”
Son las 16.30 del domingo. El lugar elegido: los Cines Antiguo Berri en Donostia. La sala 5. Es la hora de la sesión infantil, la entrada se reduce a 4.5€. Padres en compañía de rebaños de niños entran poco a poco a la sala y se sientan en la bútaca asignada. Los niños están nerviosos, intentan explicar a sus padres de qué va a tratar la película que van a ver. Los padres sonrientes atienden a sus hijos.
Pero hay otras personas en la sala, gente adulta (como yo) que ha venido sin acompañantes a ver una película de dibujos japoneses (anime). Las luces se apagan. Un fondo azul con un gato pintado aparece en pantalla. Es el símbolo del Estudio Ghibli, la productora de la película. Comienza Ponyo en el acantilado, de Hayao Miyazaki.
Se ha repetido hasta la saciedad que el Maestro Miyazaki es un genio. Que sus películas son obras de arte en mayúsculas. Que no tiene competidor. Que mientras otros estudios como Pixar se dedican a impresionar con el 3D, este japones de 68 años crea películas únicamente con la mano que sujeta su lápiz. Y en ese empeño desbanca a las demás de la cartelera (a todas).
En 2002 ganó el Oscar a la Mejor Película de Animación con El viaje de Chihiro, y en 2005 volvió a ser nominado al mismo premio por El castillo ambulante. En su larga trayectoria ha acumulado innumerables premios en todo el mundo y sus películas hacen derretirse a los críticos en festivales como el de Cannes. Pero probablemente, las obras más conocidas en nuestro país (aunque no las relacionemos con Miyazaki) son las series infantiles Heidi, Marco y Lupin the 3rd.
Y esta vez, volviendo a sus origenes, y con un estilo infantil muy cercano a Mi vecino Totoro (otra obra suya), nos deleita con un relato que tiene clara influencia de La Sirenita de Hans Christian Andersen. Ponyo es una pececita con cabeza humana que vive con su padre en el fondo del mar (el antagonista, que no enemigo, de la película), un mago que antes fue hombre. Su madre, por su parte, es una Diosa marina temida por muchos.

Un día, cansada de vivir recluída escapa de los brazos de su padre y llega a una playa de Japón, donde queda atrapada en un tarro de cristal, fruto de la contaminación. Allí, conocerá a Sosuke, un niño de 5 años (se dice que Miyazaki tomó como modelo a su propio hijo Goro) que la salvará y prometerá protegerla. A partir de ese momento, la naturaleza se desbocará. Tormentas, tsunamis, todo provocado por la magia de Ponyo, incapaz de controlar sus poderes, en su camino para convertirse en humana.
Me gustaría remarcar el gran trabajo que ha hecho el director creando una película de animación, donde a veces incluso parece que estés viendo pinturas al oleo bailar. Mención también merece Joe Hisashi, compositor habitual de las obras de Miyazaki, que ha creado una banda sonora esplendida, llena de vitalidad. Y sobre todo esa canción de los créditos finales (que también sale en el trailer) que hizo que la mayoría de la gente saliese del cine cantando: Ponyo es una niña pez…












mayo 1st, 2009 at 14:34
vi rebobine por favor y me pareció una mierdilla bastante considerable. Aun escribes un poco cutremente pero está bastante bien hecha esta crónica. Y a ver si puedes conseguirme el crack pal Vista Basic N, porque empieza a morir lentamente mi ordenador, como Hal 9000.
Muxutxus
febrero 1st, 2012 at 19:53
Ponyo Ponyo, Ponyo es una niña peeez, del mar ella ha venido, verás qué guapa eeees!
Ponyo Ponyo, como una bolita eees, su tripa redondita, blanditaaa eeeees!