El primer día
Cuando era niño, temía el primer día de ikastola. No por las asignaturas, no por los profesores, sino porque, no sé muy bien cómo, el primer día siempre me acaba perdiendo. Aunque conocía el centro a la perfección, me ponía nervioso y era incapaz de encontrar el aula que me correspondía. Como consecuencia, llegaba con la clase empezada y tenía que ponerme en el único pupitre libre, delante del profesor, precisamente.
Hoy ha comenzado el último curso de mi licenciatura en Humanidades. Esta vez, por el contrario, y rompiendo la costumbre de perderme, he encontrado el aula con facilidad. Una aula diferente, en el primer piso del edificio Padre Arrupe, la sala 108. Una de las más notables diferencias con respecto a otros años son las sillas. Usamos unas acolchadas y no las de madera de siempre. La otra es la lejanía de los enchufes, con lo que no podemos conectar los ordenadores con facilidad.
Martes, Septiembre 22nd, 2009






