Archive for the ‘Opinión / Iritzia’ Category

El destino del buen ladrón

Andreu Martín (Guión), Sagar Forniés (Dibujo): Dimas, Astiberri Ediciones, Bilbao, Rústica con solapas. Color. 152 páginas. ISBN 978-84-96815-96-4.

Un mal día lo tiene cualquiera. Podría ser ésta una de las primeras ideas que se nos viene a la cabeza a la hora de leer Dimas de Andreu Martín y Sagar Forniés. Un comercial vuelve hacia casa después de una dura jornada de trabajo, cuando Nadia, una prostituta, le pide hacerse cargo y salvar a su hijo. El pobre Dimas se ve envuelto en una historia de violencia, corrupción y prostitución. Todo sin desearlo.

Los autores nos muestran una obra con claro estilo de las novelas o películas negras, donde la construcción de personajes huye de los extremos de la bondad y la maldad y se quedan en la mitad, en ese gris y ambiguo mundo. Dimas lleva una vida honrada pero aún mantiene contactos de su época de ladrón y expresidiario. Nadia, desde el principio, rompe con el prototipo de prostituta y madre desbalida al hacer frente a los hombres del señor Blay, su carcelero. Construyen una historia llena de velocidad, con escenas violentas, de sexo explicito y personajes que se pasan el día diciendo palabrotas. Del mismo modo, se construye un personaje principal que inevitablemente está abocado al fracaso. (más…)

Miércoles, febrero 2nd, 2011

Vida e identidad

Un barrio de Donostia puede tener una frutería, una taberna, una supermercado, un quiosco, una plaza… Puede contar con todos ellos y también puede que le falte alguno de estos elementos, sin dejar nunca de ser barrio donostiarra. No obstante, no estoy seguro de que lo mismo ocurra con la Tamborrada, puesto que es algo que da vida al barrio.

Diría, incluso, que conformar una compañía que marcha el día 20 de enero es algo imprescindible para configurar un barrio en Donostia, de la misma manera que los municipios de Euskadi se han configurado históricamente con cuatro pilares básicos: un frontón, una plaza mayor, una casa consistorial y una iglesia.

Uno de los barrios más jóvenes de la ciudad como es Riberas de Loiola, que acogió a sus primeros vecinos en el año 2006, no tardó más que tres años en sacar su propia compañía y demostrar su identidad dentro de la ciudad.

Este año nacen cuatro nuevas tamborradas: Donosti Cup (Amara), Lizeoko Gaztekide Danborrada (El Antiguo), Txirain (El Antiguo) y Aitor Ikastolako Gurasoak (Egia). Cuatro compañías que, aunque no coinciden con el nacimiento de un nuevo núcleo urbano, sí responden al deseo de reforzar o reiterar su identidad como asociación o grupo vinculado a un barrio. Desean aportar a esas 111 compañías que alegran la fiesta y pertenecer a esas 12.090 personas que en algún momento del día 20 se quitarán el sombrero o el gorro de cocinero para interpretar la Marcha de San Sebastián.

Los vecinos de los futuros barrios de Morlans, San Bartolomé, Auditz Akular y Txomin, si algún día consiguen construirse y finalizarse, deberán afrontar una prueba más para ser reconocidos, para disponer de una identidad ciudadana. Sus tambores deberán sonar el día de San Sebastián, al tiempo que sus barriles deberán efectuar la réplica.

Publicado originalmente en el Noticias de Gipuzkoa el 19 de enero de 2011

Miércoles, enero 19th, 2011

Dar la palabra a un tonto

He solido decir en innumerables ocasiones que dar la palabra a un tonto es muy peligroso, porque habla. Generalmente, la audiencia no sabe que quien habla es tonto, y se cree que por el hecho de que el tonto tiene la palabra es listo e, incluso, un líder de opinión. Y he aquí el mayor peligro de todos, cuando las ovejitas del corral siguen a un tonto. Conclusión de la historia: todos caen por un precipicio. Imaginad que un tonto es un cargo en un partido político. Imaginad que llega a una cuota de poder. Imaginad que controla las finanzas de un país o que llega a ser presidente. Acojonante.

Miércoles, enero 12th, 2011

Ser competitivo

Durante la carrera, en casi todas las asignaturas hicimos una presentación de algún trabajo que habíamos de realizar, tanto en grupo o en solitario. En el último curso, las presentaciones pasaron a llamarse defensa. En definitiva, había que defender el trabajo realizado delante de la clase y responder a las preguntas o comentarios planteados por los profesores y estudiantes. En algunos casos te pillaban con los pantalones bajados y no te quedaban más cojones que inventarte algo o sacártelo de la manga. Y, a veces, hasta reconocer que te habían pillado.

Independientemente de esto, había alumnos que más que comentar, iban a joder. Yo he visto trabajos excelentes, recibiendo pedradas de algún alumno, que el único objetivo que tenía era desmerecer el trabajo de la personas que estaban haciendo la defensa, para ensalzar el suyo propio. Ahí sí que había que hacer una defensa. Se habla de sociedad competitiva y de la necesidad de hacerle frente. Quizá, el objetivo de la universidad era ver cómo se enfrentan dos tiburones y a ver quién sale con vida. ¿Pero y los que no son tiburones por qué tienen que soportar que les jodan un curro por el cuál han trabajado mucho? Y quienes siendo tiburones y no quieren participar en esa competición absurda, ¿por qué han de enseñar sus dientes?

A los que buscan beneficiarse de la desgracia ajena, ¡que les den por saco!

Lunes, enero 10th, 2011

Adolescencia literaria

En el examen de Selectividad de Lengua y Literatura del año 2006, cuando la hice, para realizar el comentario de texto nos pusieron un artículo de opinión de Juan Manuel de Prada (si no recuerdo mal) que hablaba sobre El Libro. Venía a decir que la gente que decía que no le gustaba la lectura lo decía debido a que no había encontrado Ese Libro que te abre las puertas a un mundo mayor. Ese Libro que puede llegar a convertirse en tu libro favorito y que es el comienzo de otros muchos libros.

A mí me pasó y a otros conocidos también. El mio no fue un gran y reconocido libro, pero fue un relato que en aquella época, cuando tenía unos catorce años, me fascinó. Se trata de Un viejo que leía novelas de amor de Luís Sepúlveda. De su mano vino otro libro: Rebelión en la granja de George Orwell y también Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez. Y luego tres de Hermann Hesse: Siddhartha, Mi credo y Demian. También hubo obras en euskera como Ehun metro de Ramón Saizarbitoria y Soinujolearen Semea de Bernardo Atxaga. Todo ello derivó, ya con diecisiete años, en La Peste de Albert Camus y El Evangelio según Jesucristo del recién fallecido nobel José Saramago.

Recuerdo los libros porque, aunque en esa época también leí otros, son ésos los que conformaron mi adolescencia literaria. Los que aportaron cierto tipo de valores a mi personalidad, para bien o para mal.

Pero también es cierto que otros se quedaron por el camino como El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger, La genealogía de la moral de Friederich Nietzcshe (muy de moda en aquélla época, creo recordar), Cien años de soledad también de Márquez, Walden Dos de Burrhus Frederic Skinner y Un mundo feliz de Aldous Huxley.Digo que se quedaron en el camino en esa época, porque con el tiempo los he ido leyendo.

La presente reflexión viene motivada, precisamente, porque estoy deleitándome con la citada obra de Husley y aunque creo que es una auténtica genialidad, no me hace sentir la misma pasión y fascinación que aquéllos que leí cuando era un pubescente. Lo mismo me ocurrió cuando leí, el pasado año, El guardián entre el centeno. Me pregunto si efectivamente hay una lectura para cada momento de la vida o todo transcurre en función al estado de ánimo de cada uno. Por eso, cuando eres adolescente y tienes las hormonas revolucionadas y piensas que todo gira en torno a ti, aquello que lees también crees que habla sobre tu persona.

No lo sé. Sea como sea, creo que el ser humano tiene demasiado poco tiempo para disfrutar de tantas obras bellas.

Domingo, agosto 1st, 2010

Las mujeres de Saramago

por Mirta González Suárez, catedrática de la Escuela de Psicología y CIEM. Publicado en el Noticias de Gipuzkoa.

MAGDALENA Cuando le dice a Jesús: “Tendrías que ser mujer para saber lo que significa vivir con el desprecio de Dios y ahora tendrás que ser mucho más que un hombre para vivir y morir como su elegido” (1). Otras surgieron de la dura realidad y algunas, desde su nacimiento, adoptaron lo imposible, tal el caso de Blimunda, la que puede percibir a la gente por dentro y tuvo que pasar por la pena de contemplar la procesión de brujas desterradas a Angola: “Ahí va mi madre, ni suspiros ni lágrimas, ni siquiera el rostro compasivo” (2), piensa ante las mujeres escupidas, acosadas, humilladas. Son mujeres diversas: asombro constante frente a ese hilo que une la tinta a la imagen. Todas enseñan una y otra vez la capacidad de ver al mundo con fortaleza y a la vez bondad, ambas claves en Saramago quien, en su creación, optó por cuestionar con el abrazo que esconde la posibilidad de vivir encuentros que rompen la explotación para unir de igual a igual. Si Blimunda puede ver las entrañas: ¿Qué mayor profundidad podemos pedir? Ante la injusticia hasta las monjas se rebelan: “Ahora saldrán las monjas de Santa Mónica con extrema indignación, insubordinándose contra las órdenes del rey de que sólo pudieran hablar en los conventos a sus padres, hijos, hermanos y parientes hasta segundo grado” (3).

En el papel y la pantalla Marta seguirá en la fría ciudad mercantil de La Caverna o estará de regreso en el pueblo con el vientre henchido y los dedos acariciando la cerámica, mientras el perro Encontrado la acompaña con el hocico entre las patas. ¿Será el mismo animal que acompañó a Joana Carda cuando con un bastón desencadenó la separación de la Península Ibérica?: “…de Joana Carda nada sabemos en lo que se refiere a sus recursos, por lo menos ya vimos que no parece mujer para vivir de caridades o a expensas del macho” (4). ¿Seguirá sufriendo Lidia por el desamor de Ricardo Reis, que es más dolor por su pobre condición de trabajadora de hotel? María Sara, en cambio, se expresa de frente: “El mal está en vosotros, los hombres, todos, el machismo, cuando no es la profesión es la edad, cuando no es la edad es la clase social, cuando no es la clase social es el dinero, es que no vais a decidiros nunca a ser naturales en la vida” (5). Ante la democracia de mentirillas: ¿Dónde está la esposa del doctor para que nos dé una mano para superar tanto engaño? “Están todos ciegos, pensó la mujer del médico”. Ojalá no tengamos que preguntar cómo lo hizo la muchacha de las gafas oscuras: ¿Y la gente cómo va? “Van como fantasmas, ser fantasma debe de ser algo así, tener la certeza de que la vida existe… y no poder verla” (6). La realidad nos dice que ya no conoceremos más mujeres de Saramago, de ese hombre mayor que surge en muchos capítulos, triste e introvertido, magra vida en un simple apartamento. “Calentó el guiso que le sobraba del almuerzo y se sentó a cenar” (7), pero que en cada texto nos muestra cómo se hace para salir y curiosear alrededor. “M. se quedó parada en la puerta, mirándome. Lo primero que vi fueron los ojos: claros, amarillos, dorados, o rubios, anchos, abiertos, clavados en mí como ventanas no sé si más abiertas hacia dentro que hacia fuera” (8). Eso es: la pluma irreverente, sin puntos ni comas, nos ayuda a conocer como si fuera la primera vez algo tan cotidiano como la lluvia: “La primera lluvia se limitó a unas dispersas y finas gotas, menos que una llovizna, un polvo de agua, pero quince minutos después ya caía en hilos continuos, después en cuerdas gruesas que el viento iba empujando en nuestra dirección. Vimos avanzar la lluvia en cortinas sucesivas, pasaba delante de nosotros como si no tuviese intención de detenerse, pero el suelo resecado respiraba ávidamente el agua. El más puro de todos los olores, el de la tierra mojada, nos embriagó durante un instante: “Qué bonito es el mundo”, dije yo. Pilar, en silencio, apoyó la cabeza en mi hombro. Ahora son las ocho de la tarde, continúa lloviendo. El agua ya debe de haber llegado a las raíces más profundas” (9). Es tan triste pensar que Saramago, el mago, ha muerto, pero lo que de verdad nos deja con un punzón en el corazón es que ya no podemos esperar otro libro, con otras mujeres y hombres de mente abierta para dar y recibir cariño. Gracias, maestro, por recordar a la abuela Josefa cuando dijo: “Más temprano o más tarde, la verdad siempre acaba por salir a flote, es sólo cuestión de paciencia” (10).

Domingo, junio 27th, 2010

Élites académicas

Llevo tiempo pensando en la que podríamos llamar élites académicas (de otra manera me curtirían el lomo y yo soy un cobarde). Cuando era considerablemente más joven, ya percibía cómo a mi entorno se generaban esos grupitos selectos que nunca he llegado a comprender demasiado bien.

Imaginaos que vuestro colegio decide organizar un periódico escolar. Para la conformación del grupo de redactores no hay ningún tipo de requisito, es decir, es abierto a todo el mundo, y desde dirección o desde el órgano correspondiente se hace un llamamiento a todos los alumnos para que participen en él. Se apunta quien sea, los tontos, los listos, los más capaces, los menos capaces y los que no destacan ni por buenos ni por malos, los normales, y el proyecto (o lo que sea) echa a andar. No obstante, los alumnos no pueden ser quienes manden sobre él, sino que al ser un trabajo académicamente dirigido son los profesores quienes tiran del carro y deciden la dirección.

En ese proceso, se crea un subsistema de relaciones que va más allá de lo que la lógica del colegio establece. Es decir, dentro del alumnado hay un subgrupo que realiza trabajos extra académicos y que tiene una relación distinta con los profesores. Al no ser un trabajo para nota, los lazos que se establecen no son de maestro-alumno, sino que podría decirse que son de amistad (dentro de los límites que pueda marcar la diferencia de edad entre unos chavales de 15 y otros de 35). Con lo cual se rompen los citados lazos, y de una manera o de otra repercuten sobre la vida en clase. Es inevitable.

El profesor conoce en profundidad a los alumnos y comienza a valorarlos en función a sus valores personales y no académicos. El problema está, precisamente, cuando se sustituyen los primeros por los segundos. Lo que hayas estudiado o no, deja de importar (en cierta medida; tampoco digo que les aprueben con examen en blanco).

Y todo se acentúa cuando unos u otros, profesores o alumnos, llevan esa relación personal más allá del subsistema que han creado dentro de las aulas y la sitúan fuera. Llevando a cabo actividades lúdicas, como ir a tomar un pote.

Hace poco una compañera de universidad me comentaba que el hecho de que yo no quisiese que algunos profesores viniesen a nuestra cena de gala celebrada con motivo del fin de la licenciatura, se debía a que yo representaba un estereotipo infantil, de aquél que por el mero hecho de ser alumno tenía que odiar a los profesores (era más o menos así, no recuerdo con exactitud).

Nada más allá de la realidad. El meter a un profesor en mi tiempo de ocio, sería compartir con él momentos no procedentes en mi vida. Sería destruir el estatus de cada uno y ponernos al mismo nivel, de la misma manera que se destruye dentro de las élites. E, incluso, siendo beneficioso para mí, no lo aceptaría. Es más, me da asco. Por eso, cuando algún profesor en la universidad me ha instado participar en el grupo A de nosequé o en el grupo B de nosecuál, siempre he pensado lo mismo: odio esos putos grupos de élites académicas.

Domingo, junio 20th, 2010

Cuando José Saramago detuvo a La Muerte

José Saramago ha muerto. Pero no siempre fue así. Recuerdo una vez que hizo que todo un país estuviese en vilo porque ninguno de sus habitantes podía morir. Detuvo a La Muerte e, incluso, hizo que ésta se enamorase de un hombre. E hizo que la península ibérica se convirtiese en una isla y girase sobre sí misma. Eran los buenos tiempos, cuando pese a sus achaques, conseguía iluminar o cegar al mundo, según le convenía.

Eran buenos aquellos tiempos en los que nos hizo salir de una cueva, para darnos cuenta de que vivimos en una mayor. También tuvo, no obstante, tiempos jodidos. Como cuando quiso ser un evangelista y le costó más de un disgusto y premio. Pero antes de eso quiso ser cronista de la realeza y reprodujo la bajeza de ese mundo, estrapolable a hoy.

A algunos les enseñó la izquierda y a otros, a los que no querían estar junto a él, la derecha. Y hasta a algunos pocos geeks les mostraba un camino mediante un cuaderno, que casi no llevaba firma. Porque ningún nombre era conocido, exceptuando uno: José.

José Saramago ha muerto, pero ¡Joder, cuánto nos ha dado en vida!

Viernes, junio 18th, 2010

La nube que ciega a Aena y a las aerolíneas

El sábado por la tarde Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) alertó que todo el espacio aéreo de la cornisa cantábrica iba ha estar cerrado desde las 20.00 horas hasta las 10.oo horas del día siguiente. Todo se debe a la erupción de un volcán islandés de nombre impronunciable y su consiguiente nube de polvo. Asimismo, Aena recomendó a todos los clientes afectados por el cierre de aeropuertos que no se acercasen a los mismos y que cualquier consulta la dirigiesen a las aerolíneas de manera telefónica. El sábado, una hora después de cerrar los aeródromos, se volvieron a abrir. (más…)

Martes, abril 20th, 2010

Epifanía nº1

El otro día me emborraché. Sí, no lo niego. Y además de emborracharme, según me cuenta un amigo que me llamó, me debí de poner muy pesadito. No me acuerdo de muchas cosas, pero sí recuerdo algo en lo que no he podido dejar de pensar, una especie de revelación: tener una carrera universitaria está sobrevalorado. No digo que el que sea médico cardiovascular no tenga que estudiar como un cabrón (lo que no significa que sea un empollón y que lo aprenda sin entender nada, que de esos también hay). A lo que vengo, no sé si es por la tipología de mi carrera, si es algo que le ocurre a todo el mundo o si, por el contrario, es que tengo vértigo a licenciarme y a verlas venir -¿Un master?, ¿Encontrar curro?. Joder, qué miedo-, pero estoy bastante desencantado en este momento.

La cuestión es la siguiente, he comentado con gente que se ha licenciado en el campo del periodismo y comentaba que cuando realmente aprendes el medio (sea cual sea) es cuando trabajas en él. Hecho que, con mi breve experiencia, constato. Asimismo, en el campo de las Humanidades, me he dado cuenta que sólo he ampliado conocimientos que ya tenía. Ya sea en las distintas asignaturas de Historia o en Filosofía, entre otras, tengo la sensación de únicamente haber redondeado aquello que estudié en Bachiller. Quizá, aquellas asignaturas donde he estudiado el origen de los medios o el ir y venir de la opinión pública, así cómo los códigos deontológicos de la profesión, hayan sido las materias en las que sí he visto llenas mis ansias por algo nuevo.

A tres meses de licenciarme, me preocupa de sobremanera que estos últimos cuatro años hayan sido una pérdida de tiempo -académicamente hablando, nunca en términos de amistad, donde sí que han sido excelentes-. Tengo amigos que dicen que los años de universidad son los mejores de nuestra vida, donde sales y te emborrachas (como yo el viernes), follas como un loco (y tal) y sobre todo te lo pasas bien. Yo la impresión que tengo es que he estado currando como un hijodeputa y ahora dudo, incluso, de todo lo estudiado. Tengo unas ganas increíbles de acabar y de pasar a otra cosa mariposa. Ahora me enfrento a un nuevo panorama donde necesito ampliar mi educación a causa de estas limitaciones. No sé si pasado mañana pensaré de manera distinta, debido quizá a que me encuentre más animado, pero estoy preocupado.

Os dejo con Ismael Serrano, que me anima bastante, y con su Casandra, quién pudiese ver el futuro:

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Lunes, marzo 22nd, 2010