Adolescencia literaria
En el examen de Selectividad de Lengua y Literatura del año 2006, cuando la hice, para realizar el comentario de texto nos pusieron un artículo de opinión de Juan Manuel de Prada (si no recuerdo mal) que hablaba sobre El Libro. Venía a decir que la gente que decía que no le gustaba la lectura lo decía debido a que no había encontrado Ese Libro que te abre las puertas a un mundo mayor. Ese Libro que puede llegar a convertirse en tu libro favorito y que es el comienzo de otros muchos libros.
A mí me pasó y a otros conocidos también. El mio no fue un gran y reconocido libro, pero fue un relato que en aquella época, cuando tenía unos catorce años, me fascinó. Se trata de Un viejo que leía novelas de amor de Luís Sepúlveda. De su mano vino otro libro: Rebelión en la granja de George Orwell y también Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez. Y luego tres de Hermann Hesse: Siddhartha, Mi credo y Demian. También hubo obras en euskera como Ehun metro de Ramón Saizarbitoria y Soinujolearen Semea de Bernardo Atxaga. Todo ello derivó, ya con diecisiete años, en La Peste de Albert Camus y El Evangelio según Jesucristo del recién fallecido nobel José Saramago.
Recuerdo los libros porque, aunque en esa época también leí otros, son ésos los que conformaron mi adolescencia literaria. Los que aportaron cierto tipo de valores a mi personalidad, para bien o para mal.
Pero también es cierto que otros se quedaron por el camino como El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger, La genealogía de la moral de Friederich Nietzcshe (muy de moda en aquélla época, creo recordar), Cien años de soledad también de Márquez, Walden Dos de Burrhus Frederic Skinner y Un mundo feliz de Aldous Huxley.Digo que se quedaron en el camino en esa época, porque con el tiempo los he ido leyendo.
La presente reflexión viene motivada, precisamente, porque estoy deleitándome con la citada obra de Husley y aunque creo que es una auténtica genialidad, no me hace sentir la misma pasión y fascinación que aquéllos que leí cuando era un pubescente. Lo mismo me ocurrió cuando leí, el pasado año, El guardián entre el centeno. Me pregunto si efectivamente hay una lectura para cada momento de la vida o todo transcurre en función al estado de ánimo de cada uno. Por eso, cuando eres adolescente y tienes las hormonas revolucionadas y piensas que todo gira en torno a ti, aquello que lees también crees que habla sobre tu persona.
No lo sé. Sea como sea, creo que el ser humano tiene demasiado poco tiempo para disfrutar de tantas obras bellas.
Domingo, agosto 1st, 2010

