La delgada línea entre el ser humano y la máquina

Hacía tiempo que no escribía -por falta de tiempo, excusa que uso habitualmente- y hoy he encontrado un trabajo que hice hace unas semanas para la asignatura de Relato Cinematográfico. Es un análisis crítico sobre Blade Runner, película de 1982 dirigida por Ridley Scott. No obstante, para el presente trabajo opté por el Montaje del Director que hizo Scott en el año 1992, porque considero que es donde mejor se muestra el concepto de humanidad a través de los androides.

El presente análisis se cita es el final de la historia, así que, quien no quiera leer spoilers o quiera ver la película antes, que no proceda a su lectura.

LA DELGADA LÍNEA ENTRE EL SER HUMANO Y LA MÁQUINA

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto Rayos-C resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo. Como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

RUTGER HAUER (Blade Runner, 1982)

Con este diálogo, improvisado en el momento por el propio Hauer, que interpretaba al replicante Roy Batty, Blade Runner marcaba un hito en la historia del cine de Ciencia Ficción, rompiendo el tópico de la diferenciación entre el ser humano y el androide, fundiendo sus límites sin poder advertir cuál de los personajes podía albergar la mayor cantidad de humanidad.

La película se abre con un primerísimo primer plano de un ojo en el que se ve reflejada la ciudad de Los Ángeles. Después se da paso, con un plano panorámico con travelling de acercamiento, a la misma ciudad en el año 2019. El plano además de situar la historia, nos da una demuestra en qué se ha convertido el mundo: una gran ciudad industrial fría, oscura, llena de refinerías, llena de marcas de productos y sin un atisbo de vida vegetal o animal. En este contexto se nos muestra la existencia de los replicantes, mediante un interrogatorio plano–contraplano, ligeramente contrapicado, en la cual Holden (Morgan Paul), un Blade Runner, aplica el test Voight-Kampff (VKT) a uno de ellos, Leon Kowalski (Brion James). Esa primera escena da pie al desarrollo de la trama, pues escenifica los problemas que tienen los replicantes para sentir empatía con los animales –puesto que al estar extintos, los seres biomecánicos no son capaces de reconocerlos- y demuestra que no pueden hablar de su pasado –pues no tienen recuerdos, son artificialmente creados-. Leon ante la imposibilidad de responder preguntas sobre su pasado, decide acabar con el Blade Runner.

Con este comienzo se estipulan dos hilos narrativos de acciones paralelas, por un lado, la búsqueda por parte del Blade Runner Rick Deckard (Harrison Ford) a los cuatro seres biomecánicos huidos –entre los que se encuentra Leon-. Y por otra parte, se relata la historia de los prófugos que buscan integrarse en la sociedad y, sobre todo, una prolongación de su vida.

La humanidad de Roy Batty

Batty se muestra como un personaje psicológicamente dañado por el terror a la inminente muerte. Por lo tanto, desea llegar hasta su creador, el dr. Tyrell (Joe Turkel), para que éste pueda prolongarle su vida.

El zigurat de la Tyrell Corp., donde reside el doctor, es un elemento aparentemente anacrónico de la historia. Toda la ciudad vive en plena oscuridad; la iluminación es puramente artificial, producto de luces de neón. No obstante, la residencia del doctor se convierte en una especie de paraíso en la tierra. La iluminación deja de ser artificial para pasar a ser natural, es fruto del sol. Mientras que cuando se nos enseñan las calles se puede observar un caos total de culturas, superpoblación, suciedad y constante lluvia, el zigurat, en cambio, muestra una imagen pulcra cuidada, en representación de la imagen de riqueza económica del doctor. Asimismo, mediante ingeniería genética consigue reproducir un búho, el único animal que aparece en toda la película. Hasta ahí llega el poder del “Dios de la biomecánica”, como lo bautiza Batty en su encuentro con él.

En esta escena, precisamente, Tyrell es tratado como un ser superior y el replicante como inferior. El personaje de Tucker siempre estará enfocado desde un plano contrapicado, mientras que Batty se verá obligado a sentarse, y a ser mostrado desde un plano ligeramente picado. En este momento el replicante muestra su terror a la muerte y plantea dudas que cualquier humano plantearía al Dios creador. Ante la imposibilidad de ser atendidas sus exigencias, la rebelión del androide contra su hacedor se traduce en una inversión de papeles. Mientras el personaje de Hauer asesina a Tyrell, el primero es retratado desde un plano contrapicado y el segundo, en cambio, con una angulación opuesta.

El débil estado psicológico de Batty, después de este asesinato, se ve acrecentado cuando descubre que Deckard ha retirado Pris (Daryl Hannah), otra replicante y su amante. Con un montaje de acciones paralelas, Batty completamente enajenado persigue al personaje de Harrison Ford. Batty se convierte en el cazador y Deckard en la presa que huye, y sus acciones se muestran mediante un montaje de imágenes paralelas. Al final de la persecución, se repite la idea del ser superior y ser desprotegido mediante la angulación. Mediante un ángulo cenital se ve cómo Deckard está a punto de caer al vacío. El replicante en cambio, es mostrado mediante un contrapicado, y se encuentra en una posición de seguridad. Antes de caer, Batty salva al Blade Runner demostrando empatía hacia él, demostrando un sentimiento muy humano. Posteriormente, apenado por no poder vivir más experiencias, como las que le relata al protagonista, fenece. En ese momento, aunque la lluvia permanece, la iluminación cambia, se da paso al día. Y con la liberación del alma de Roy Batty, representada por una paloma, la oscura historia, parece terminar, aparentemente, por lo menos.

La no humanidad de Rick Deckard

Una de las discusiones principales sobre el filme se refiere al personaje principal, si es o no es un replicante. Desde el comienzo, Ridley Scott quería que el personaje interpretado por Harrison Ford fuese de origen biomecánico. Así lo ha afirmado de hecho en varias ocasiones. No obstante, la presión de los productores, que consideraban la cinta, cuanto menos, confusa, hizo que se rodase un nuevo final, en este caso feliz, y se añadiera a largometraje un voice-over de Harrison Ford para explicar todo aquello que no se consideraba comprensible.

De hecho, el uso del narrador intradiegético llenaba el personaje de Deckard de humanidad. Esa voz nos explicaba los sentimientos del protagonista, el pasado de su protagonista y qué pensaba en todo momento. Además, la inserción de esa voz en off acercaba al espectador más, si cabe, al estilo clásico de film noir, que caracteriza a Blade Runner. Por ello, en el año 1992, una de la primeras cosas que hizo Scott es eliminar esa narración que dificulta, a mí entender, la identificación del personaje con un ser biomecánico.

Por otra parte, para el Montaje del Director, Scott recuperó una escena que ha sido suprimida en todas las demás versiones. Deckard, sentado frente a un piano, observando mediante primeros planos de unas fotos de su infancia, tiene una ensoñación con un unicornio, que balancea la cabeza justo cuando pasa frente a la cámara y que al ser una toma con encuadre abierto, sale del plano. Esta imagen, mediante una transición encadenada, se va difuminando para traernos de nuevo a la realidad del apartamento del cazarrecompensas. Al despertar, desde un plano americano, se observa al Blade Runner sentado hacia delante sobre el instrumento. Al incorporarse, Deckard repite con la cabeza el movimiento que ha hecho el unicornio, aparentemente, intentando alejar el pensamiento que ha tenido.

Esta escena que relatamos no tendría ningún sentido si no mencionamos a otro personaje del largometraje. El personaje de Gaff (Edward James Olmos) es un personaje extraño, que actúa de observador, y que se dedica a hacer figuras de origami con los papeles que encuentra. Después de la muerte de Roy Batty aparece por última vez, para decirle a Deckard, algo desconcertante: “You’ve done a man’s job, sir”. Con esta frase, el policía demostraría, en primera instancia, que conoce el carácter de replicante de Deckard, hecho que se confirma en la última escena de la película cuando se muestra un plano detalle de uno de los origami que Gaff ha dejado en el suelo del apartamento del protagonista: un muñeco en forma de unicornio. Esto demuestra que, al igual que Rachael, los recuerdos de Deckard son implantados para dar estabilidad a sus emociones.

En una escena previa, después de haber retirado a Zhora (Joanna Cassidy) y después de que Rachael haya disparado a Leon, los dos protagonistas mantienen una conversación en el apartamento de Deckard. Habiéndose limpiado las heridas en el lavabo, el personaje de Ford pasa por detrás del personaje de Young y se para un instante. En ese plano a dos, en el que delante se encuentra Rachael enfocada y detrás Deckard desenfocado, se puede percibir un brillo tanto en los ojos de una como del otro, el brillo que todos los replicantes manifiestan en algún momento de la película. Al final, se descubre que lo que Deckard ha estado haciendo de manera secuencial, uno tras otro, durante toda la historia es ir eliminando a seres como él, sin ser consciente de ello. Y ahora, al ser reconocido como un replicante, él, junto a Rachael, será el perseguido.

Ante eso la frase final de Batty, cobra aún más sentido. Pues no se puede diferenciar ya a humano de máquina, y ante su muerte todas las experiencias se pierden, aun siendo verdaderas o falsas. Esta idea la recoge perfectamente el lema de la Tyrell Corp: “más humanos que los propios humanos”.

Escenas finales de ‘Blade Runner’

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One Response to “La delgada línea entre el ser humano y la máquina”

  1. lamotta Says:

    Buen análisis, aunque tiene algunos errores, pero pequeños.

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