Archive for junio, 2010

Las mujeres de Saramago

por Mirta González Suárez, catedrática de la Escuela de Psicología y CIEM. Publicado en el Noticias de Gipuzkoa.

MAGDALENA Cuando le dice a Jesús: “Tendrías que ser mujer para saber lo que significa vivir con el desprecio de Dios y ahora tendrás que ser mucho más que un hombre para vivir y morir como su elegido” (1). Otras surgieron de la dura realidad y algunas, desde su nacimiento, adoptaron lo imposible, tal el caso de Blimunda, la que puede percibir a la gente por dentro y tuvo que pasar por la pena de contemplar la procesión de brujas desterradas a Angola: “Ahí va mi madre, ni suspiros ni lágrimas, ni siquiera el rostro compasivo” (2), piensa ante las mujeres escupidas, acosadas, humilladas. Son mujeres diversas: asombro constante frente a ese hilo que une la tinta a la imagen. Todas enseñan una y otra vez la capacidad de ver al mundo con fortaleza y a la vez bondad, ambas claves en Saramago quien, en su creación, optó por cuestionar con el abrazo que esconde la posibilidad de vivir encuentros que rompen la explotación para unir de igual a igual. Si Blimunda puede ver las entrañas: ¿Qué mayor profundidad podemos pedir? Ante la injusticia hasta las monjas se rebelan: “Ahora saldrán las monjas de Santa Mónica con extrema indignación, insubordinándose contra las órdenes del rey de que sólo pudieran hablar en los conventos a sus padres, hijos, hermanos y parientes hasta segundo grado” (3).

En el papel y la pantalla Marta seguirá en la fría ciudad mercantil de La Caverna o estará de regreso en el pueblo con el vientre henchido y los dedos acariciando la cerámica, mientras el perro Encontrado la acompaña con el hocico entre las patas. ¿Será el mismo animal que acompañó a Joana Carda cuando con un bastón desencadenó la separación de la Península Ibérica?: “…de Joana Carda nada sabemos en lo que se refiere a sus recursos, por lo menos ya vimos que no parece mujer para vivir de caridades o a expensas del macho” (4). ¿Seguirá sufriendo Lidia por el desamor de Ricardo Reis, que es más dolor por su pobre condición de trabajadora de hotel? María Sara, en cambio, se expresa de frente: “El mal está en vosotros, los hombres, todos, el machismo, cuando no es la profesión es la edad, cuando no es la edad es la clase social, cuando no es la clase social es el dinero, es que no vais a decidiros nunca a ser naturales en la vida” (5). Ante la democracia de mentirillas: ¿Dónde está la esposa del doctor para que nos dé una mano para superar tanto engaño? “Están todos ciegos, pensó la mujer del médico”. Ojalá no tengamos que preguntar cómo lo hizo la muchacha de las gafas oscuras: ¿Y la gente cómo va? “Van como fantasmas, ser fantasma debe de ser algo así, tener la certeza de que la vida existe… y no poder verla” (6). La realidad nos dice que ya no conoceremos más mujeres de Saramago, de ese hombre mayor que surge en muchos capítulos, triste e introvertido, magra vida en un simple apartamento. “Calentó el guiso que le sobraba del almuerzo y se sentó a cenar” (7), pero que en cada texto nos muestra cómo se hace para salir y curiosear alrededor. “M. se quedó parada en la puerta, mirándome. Lo primero que vi fueron los ojos: claros, amarillos, dorados, o rubios, anchos, abiertos, clavados en mí como ventanas no sé si más abiertas hacia dentro que hacia fuera” (8). Eso es: la pluma irreverente, sin puntos ni comas, nos ayuda a conocer como si fuera la primera vez algo tan cotidiano como la lluvia: “La primera lluvia se limitó a unas dispersas y finas gotas, menos que una llovizna, un polvo de agua, pero quince minutos después ya caía en hilos continuos, después en cuerdas gruesas que el viento iba empujando en nuestra dirección. Vimos avanzar la lluvia en cortinas sucesivas, pasaba delante de nosotros como si no tuviese intención de detenerse, pero el suelo resecado respiraba ávidamente el agua. El más puro de todos los olores, el de la tierra mojada, nos embriagó durante un instante: “Qué bonito es el mundo”, dije yo. Pilar, en silencio, apoyó la cabeza en mi hombro. Ahora son las ocho de la tarde, continúa lloviendo. El agua ya debe de haber llegado a las raíces más profundas” (9). Es tan triste pensar que Saramago, el mago, ha muerto, pero lo que de verdad nos deja con un punzón en el corazón es que ya no podemos esperar otro libro, con otras mujeres y hombres de mente abierta para dar y recibir cariño. Gracias, maestro, por recordar a la abuela Josefa cuando dijo: “Más temprano o más tarde, la verdad siempre acaba por salir a flote, es sólo cuestión de paciencia” (10).

Domingo, junio 27th, 2010

Hoguera de San Juan

He estado viendo con un amigo una hoguera de San Juan. Hablando de lo humano y lo divino, he recordado cómo echábamos a esas mismas hogueras los apuntes del curso y cómo desaparecían para no verlos nunca más, entre el humo y las cenizas. Ojalá, la mala hostia pudiese desaparecer así de fácil.

Jueves, junio 24th, 2010

Élites académicas

Llevo tiempo pensando en la que podríamos llamar élites académicas (de otra manera me curtirían el lomo y yo soy un cobarde). Cuando era considerablemente más joven, ya percibía cómo a mi entorno se generaban esos grupitos selectos que nunca he llegado a comprender demasiado bien.

Imaginaos que vuestro colegio decide organizar un periódico escolar. Para la conformación del grupo de redactores no hay ningún tipo de requisito, es decir, es abierto a todo el mundo, y desde dirección o desde el órgano correspondiente se hace un llamamiento a todos los alumnos para que participen en él. Se apunta quien sea, los tontos, los listos, los más capaces, los menos capaces y los que no destacan ni por buenos ni por malos, los normales, y el proyecto (o lo que sea) echa a andar. No obstante, los alumnos no pueden ser quienes manden sobre él, sino que al ser un trabajo académicamente dirigido son los profesores quienes tiran del carro y deciden la dirección.

En ese proceso, se crea un subsistema de relaciones que va más allá de lo que la lógica del colegio establece. Es decir, dentro del alumnado hay un subgrupo que realiza trabajos extra académicos y que tiene una relación distinta con los profesores. Al no ser un trabajo para nota, los lazos que se establecen no son de maestro-alumno, sino que podría decirse que son de amistad (dentro de los límites que pueda marcar la diferencia de edad entre unos chavales de 15 y otros de 35). Con lo cual se rompen los citados lazos, y de una manera o de otra repercuten sobre la vida en clase. Es inevitable.

El profesor conoce en profundidad a los alumnos y comienza a valorarlos en función a sus valores personales y no académicos. El problema está, precisamente, cuando se sustituyen los primeros por los segundos. Lo que hayas estudiado o no, deja de importar (en cierta medida; tampoco digo que les aprueben con examen en blanco).

Y todo se acentúa cuando unos u otros, profesores o alumnos, llevan esa relación personal más allá del subsistema que han creado dentro de las aulas y la sitúan fuera. Llevando a cabo actividades lúdicas, como ir a tomar un pote.

Hace poco una compañera de universidad me comentaba que el hecho de que yo no quisiese que algunos profesores viniesen a nuestra cena de gala celebrada con motivo del fin de la licenciatura, se debía a que yo representaba un estereotipo infantil, de aquél que por el mero hecho de ser alumno tenía que odiar a los profesores (era más o menos así, no recuerdo con exactitud).

Nada más allá de la realidad. El meter a un profesor en mi tiempo de ocio, sería compartir con él momentos no procedentes en mi vida. Sería destruir el estatus de cada uno y ponernos al mismo nivel, de la misma manera que se destruye dentro de las élites. E, incluso, siendo beneficioso para mí, no lo aceptaría. Es más, me da asco. Por eso, cuando algún profesor en la universidad me ha instado participar en el grupo A de nosequé o en el grupo B de nosecuál, siempre he pensado lo mismo: odio esos putos grupos de élites académicas.

Domingo, junio 20th, 2010

Cuando José Saramago detuvo a La Muerte

José Saramago ha muerto. Pero no siempre fue así. Recuerdo una vez que hizo que todo un país estuviese en vilo porque ninguno de sus habitantes podía morir. Detuvo a La Muerte e, incluso, hizo que ésta se enamorase de un hombre. E hizo que la península ibérica se convirtiese en una isla y girase sobre sí misma. Eran los buenos tiempos, cuando pese a sus achaques, conseguía iluminar o cegar al mundo, según le convenía.

Eran buenos aquellos tiempos en los que nos hizo salir de una cueva, para darnos cuenta de que vivimos en una mayor. También tuvo, no obstante, tiempos jodidos. Como cuando quiso ser un evangelista y le costó más de un disgusto y premio. Pero antes de eso quiso ser cronista de la realeza y reprodujo la bajeza de ese mundo, estrapolable a hoy.

A algunos les enseñó la izquierda y a otros, a los que no querían estar junto a él, la derecha. Y hasta a algunos pocos geeks les mostraba un camino mediante un cuaderno, que casi no llevaba firma. Porque ningún nombre era conocido, exceptuando uno: José.

José Saramago ha muerto, pero ¡Joder, cuánto nos ha dado en vida!

Viernes, junio 18th, 2010

La soledad del nadador

Bastien Vivès: El gusto del cloro. Diábolo Ediciones, Madrid, 2009. Cartoné. 19x28cm. 135 páginas. Color. ISBN: 978-84-936764-8-3

La realidad es más amarga de lo que nos gustaría. En la vida las cosas no salen como uno quisiera. No obstante, cada uno aprende de cada error e infortunio que vive. Podrían ser éstas unas de las primeras reflexiones que haríamos al terminar de leer El gusto del cloro de Bastien Vivès. El autor nos muestra una historia sencilla, donde un protagonista sin nombre aquejado de escoliosis es obligado por su fisioterapeuta a asistir regularmente a la piscina. El autor parisino estructura una historia del enamoramiento entre el chico protagonista y una nadadora que acude todas las semanas a hacer unos cuantos largos.

Gracias a esta obra, Vivès fue galardonado con el premio al mejor artista revelación en el festival de Angoulême. Posteriormente, publicaría La bouncherie (Ed. Vraoum, 2008) y recientemente Dans mes yeux (Kstr/Casterman, 2009). En estas obras, que no han sido aún publicadas en España, también aborda las relaciones de pareja. El amor y los problemas sentimentales parecen ser de uso recurrente en sus trabajos. No obstante, subyacen otras ideas, más allá del amor, tras las vivencias de ese personaje que intenta desesperadamente nadar correctamente en la piscina. La idea del amor, efectivamente, está presente, pero en concordancia con otras dos: la ruptura de la soledad personal y la autosuperación. (más…)

Jueves, junio 3rd, 2010